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Los dedos del desierto

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Los sensuales dátiles provienen de una de las mil especies de palmera, la Phoenix Dactylera, que asirlos y babilonios convirtieron en árbol sagrado.
Linneo bautizó a esta palmera la princesa de los vegetales. Conocidos como daktylos por griegos y romanos, estos dedos del desierto fueron siempre un producto refinado, exótico y sensual.
Los hombres azules del desierto atraviesan el Sahara con un equipaje escueto: dátiles secos y leche de cabra. Gracias a estas provisiones sobreviven en situaciones muy duras, aunque tambien la pasan genial. Hay que recordar aquel príncipe del desierto, el fogoso amante enmascarado, un hombre azul protagonista de Bajo el cielo protector, el film de Bertolucci sobre la novela de Bowles.
Las propiedades energizantes de los dátiles son famosas desde la antigüedad. En ese concentrado de vitaminas & minerales se inspiró el viejo Apicius para urdir su Conditum Paradoxium, un vino dulce de efectos afrodisíacos inmediatos. Con su fruto, que se consume desde hace siete mil años, los egipcios preparaban el Checar, un trago fuerte elaborado a partir de su fermentación.
Me desasosiega ver en canastas de los súper, unos oscuros, secos, definitivos y finales dátiles provenientes de Israel, que seguramente tuvieron una mejor época. Triste ersatz de una verdad absoluta. Seguramente recién cosechados tienen otro look y otra esencia.
Octubre es e mes de cosecha en los palmares norafricanos, los Deglet Nur, que crecen en los oasis fronterizos de Túnez y Argelia. Los mejores del mundo. Deglet Nur significa por donde pasa la luz. A través de su carne dorada y brillante, entre ambarina y rojo viejo, la luz pasa como por un vitreau. Las de los súper son jers (fané) me comentó amigo argelino, en su tierra solo se los dan a los camellos.
A veces tuve la suerte que un mes después de la cosecha, aterrizaba mi amigo en Buenos Aires, enarbolando ramas de dátiles. ¿Y eso para que es?-preguntaban en la aduana de Ezeiza: -Para comer.- Bueno pase…
Con los dátiles conviene tomar los mismos recaudos que con ciertos vinos blancos: si son el año, mejor, después pierden sensualidad, duran pero no viven.
Sólo hace falta un dátil, uno solo para paliar los bajones del alma, para atenuar el cafard post siesta, para inspirarse a la madrugada con copa de champagne Brut Nature. O como Bowles y sus personajes, con té a la menta.

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